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martes, 23 de octubre de 2012

La psicología relacionada con la alimentación

¿Por qué comemos lo que comemos?, ¿qué factores influyen en la elección de unos alimentos y el rechazo de otros?. Son unas interesantes preguntas cuyas respuestas están implícitas en la psicología del ser humano.
 
El alimento acompaña nuestra historia, y se encuentra ligado a la conquista de los recursos naturales. Antiguamente, la alimentación era simplemente un elemento básico para la supervivencia, algo elemental y que sustentaba al resto de las necesidades.
Pero las sociedades humanas evolucionaron. Actualmente los actos de comer y beber no sólo representan una conducta biológica, sino que son actos que tienen en conjunto un gran significado social y cultural.
Con frecuencia la finalidad de la comida (en casa o fuera de ella) busca ser sociable y reunirse con personas. Muy a menudo existe una razón especial para las reuniones como fiestas de cumpleaños, celebraciones importantes, o simplemente un grupo de amigos que se reune para comer en un restaurante. 

Tiene mucha influencia en el proceso de elección de la comida los gustos y hábitos del individuo, por ejemplo la educación que haya tenido con respecto a la comida le llevará a decantarse por uno u otro alimento. Cuando ingerimos algo que nos gusta se liberan beta-endorfinas y mejora nuestro estado de ánimo. Sin embargo,si este alimento que nos gusta no deberíamos tomarlo (por engordar, perjudicar la salud u otros motivos), los sentimientos de culpa pueden contrarrestar este efecto positivo. Según psicólogos expertos, la mejor opción para olvidarnos de estos sentimientos de culpa sería incluir en nuestra dieta de forma moderada y saludable las comidas que nos gustan y que no son realemente la mejor opción.

También la característica fisiológica de sensación de hambre influirá sobre lo que se come, cuándo y en que cantidad. Además, las consideraciones sobre la salud influyen en la elección de los alimentos. A veces se necesita dieta especial debido a enfermedades o trastornos digestivos. Hoy en día hay personas que consideran más sano no comer carne ni productos lácteos, otras personas no los consumen por razones morales o religiosas.

Las necesidades emocionales juegan también un importante papel en nuestra alimentación. Muchas veces comemos no porque necesitemos alimentos, sino para cubrir un requisito emocional (tristeza, depresión...). El problema está en el tipo de alimentos que consumimos cuando comemos para calmar las emociones, pues un reciente estudio revela que elegimos alimentos grasos preferentemente. Los resultados muestran que si bien los recuerdos que surgen del vínculo entre buenos momentos y el consumo de un determinado alimento influyen en la elección de los mismos para calmar el hambre emocional, también es determinante la biología, porque al parecer, las grasas saturadas producen un mayor efecto sobre nuestro estado de ánimo y por eso las escogemos para sentirnos mejor.
Esto nos da una razón más para controlar la alimentación emocional y minimizarla en nuestra dieta habitual, intentado comer sólo ante el hambre fisiológico. Una manera útil para diferenciar estos dos tipos de estímulos es supervisar cuántas horas pasamos sin comer y preguntarnos qué deseamos comer. Para evadir el consumo de alimentos destinados a calmar emociones, debemos intentar controlarnos con otros métodos como por ejemplo el ejercicio, meditación, descanso, diálogo o escuchando música.