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martes, 6 de noviembre de 2012

La comida rápida y sus consecuencias.

La comida rápida es hoy en día una salida fácil para personas que se ven inmersas en abundante trabajo o que carecen de tiempo y necesitan comer algo fácil y rápido, o simplemente personas que se adaptan a la excesiva comodidad de la vida moderna.

En estas situaciones, estas personas recurren a las hamburguesas, pizzas, papas fritas, panchos o milanesas empanadas entre muchos otros alimentos pertenecientes al grupo de "fast-food".

Comida rápida
Cada día son más las personas que optan por comer este tipo de comida por falta de tiempo, trabajo o comodidad, y deciden repetirla varias veces a la semana, lo cual es un hábito rápido y simple pero no tan bueno para la salud, ya que esta comida se caracteriza por un alto contenido en calorías, grasas y sal.

Además, en muchas ocasiones el pan de las hamburguesas que nos ofrecen compañías tan extendidas socialmente como McDonald´s o Burger King, están compuestas de grasas TRANS, un tipo de grasa al que el organismo le cuesta mucho trabajo eliminar, y con el tiempo se acumulará en las arterias produciendo trombosis, embolias y ayudando al aumento de la colesterolemia, lo cual conllevará a transtornos importantes en la mayor parte de los casos.

La comida rápida es consumida en mayor medida por su buen sabor, su fácil ingestión, su precio demasiado económico y porque se pueden comer en cualquier lugar y situación. Pero cuando convertimos la comida rápida en un hábito, las consecuencias pueden ser inmediatas y observables a simple vista. Así, convertir en hábito la ingestión de "fast-food" produce en el organismo:
obesidad asociada a "fast-food"

  • Exceso de peso.
  • Colesterol en sangre elevado.
  • Aumento de la presión arterial.
  • Diabetes.
  • Enfermedades cardiovasculares.
  • Trombosis.
  • Embolismos.
Es importante no obtener estos hábitos en cuanto a las comidas, y en el caso de que se obtuvieran, se deberían cambiar cuanto antes debido a que producirán en nuestro organismo serios problemas. Es tan fácil como eliminar de nuestra dieta diaria las hamburguesas, pizzas y todo tipo de "comida rápida" y restringirlas a una vez cada 1-2 semanas y alimentarnos cada vez más a base de frutas, verduras, yogures, pastas, arroz o legumbres, entre otros muchos alimentos más sanos para nuestro organismo y con buen sabor.


lunes, 29 de octubre de 2012

SLOW FOOD

Slow food es una asociación internacional creada en 1986 por el italiano Carlo Petrini, cuya cuna está en Bra, zona famosa por sus vinos, su trufa blanca, sus quesos y su carne de oveja y cordero. Agobiado por la industrialización y la comida rápida, Petrini decidió crear este movimiento en busca de una vida sin prisas y el disfrute de la gastronomía. A día de hoy, la asociación tiene sedes en Italia, Alemania, Suiza, Estados Unidos, Francia y Japón y sus más de 100.000 socios se reparten en hasta 122 países del mundo, incluyendo España.

Se trata de una organización sin ánimo de lucro: lo obtenido de sus actividades se invierte en otras actividades relacionadas con los fines que ha establecido la asociación. Para autofinanciarse, Slow Food se vale de dos sociedades:

-      Slow Food Promozione, que organiza y gestiona los grandes eventos y la captación de fondos de las cuotas de asociado.

-      Slow Foof Editore, que se encarga básicamente del aspecto editorial (libros, revistas y noticias).

Slow food está a favor de los principios que defiende la agricultura orgánica y trabaja para garantizar que sea tradicional, segura, natural y dé como lugar cosechas de gran calidad. Esto no quiere decir que se oponga a la investigación con transgénicos, pero sí es contraria a la plantación comercial de cultivos genéticamente manipulados, ya que considera que el ser humano todavía no puede predecir o asumir resultados que pueden resultar una amenaza. Así, defiende que todos los productos que contienen ingredientes manipulados genéticamente  deberían estar minuciosamente etiquetados.

Slow Food también da importancia a la diversidad de las recetas y los sabores, a la cocina local, a reconocer la variedad de los lugares de producción, a respetar el ritmo de las estaciones y a la producción tradicional. Fomenta un modelo de agricultura menos intensivo y más limpio, que respecta las especies vegetales y animales en peligro de extinción y que ofrece perspectivas de desarrollo incluso en las regiones más pobres del planeta.

La filosofía principal del movimiento es la defensa del placer gastronómico y la búsqueda de un ritmo de vida más lento para alcanzar una mejor calidad de vida, dándole también gran importancia a la cultura, el arte, la arquitectura… De esta forma han surgido las Slow Cities, una serie de pueblos y ciudades que buscar aumentar la calidad de vida de sus ciudadanos, con normas específicas sobre las restricciones de tráfico, las infraestructuras (acordes con la localidad)… y que ante todo defienden los alimentos tradicionales.
 
En el siguiente enlace podemos ver una noticia que habla sobre Slow Food en Galicia, a donde ha llegado también hace unos años esta corriente de protección de productos artesanales.